Junio, mes del Sagrado Corazón de Jesús

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Porque el pan que Dios da es el que ha bajado del cielo y da vida al mundo. Juan 6:33

Querido Padre que estás en los cielos, nosotros confiamos en tu Palabra de vida eterna, que nos otorga Jesucristo, nuestro Salvador. Sobre esta Palabra de vida construimos en estos días, porque aun cuando parece que todo pierde fuerza y valor, hay mucho anhelo en los corazones humanos, y tú nunca decepcionarás nuestra esperanza. Lo que tú has dicho se debe cumplir. Lo que Cristo Jesús prometió, se hará, no solamente para unos pocos sino para todo el mundo, por lo cual él murió y resucitó. Quédate con nosotros. Mantennos vivos plenamente, tanto que nuestras vidas reflejen toda la bondad que experimentamos y que derrotemos todo el mal que nos ataca. Gracias por llamarnos a la vida y por renovarnos una y otra vez. Alabado sea tu nombre entre nosotros para siempre. Amén.

EL DIVINO CORAZÓN DE JESÚS

¡El Corazón de Jesús! Una herida, una corona de espinas, una cruz, una llama, «He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres». ¿Quién nos ha dado aquel Corazón? Jesús mismo. Él nos había dado todo: su doctrina, sus milagros, sus dones de la Eucaristía, su Madre divina. Pero el hombre permanece todavía insensible a tantos dones. Su soberbia les hace olvidar el Cielo, sus pasiones les hacen descender al fango. Fue entonces cuando Jesús mismo dirigió una mirada piadosa sobre la humanidad; se apareció a su hija predilecta, Margarita María de Alacoque, para manifestarle los tesoros de su corazón.

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